Ir a Londres con un niño de 5 años es jugar con una baraja distinta: la ciudad es la misma, pero las prioridades cambian. Dejas de pensar en museos y “checklist” de monumentos, y empiezas a pensar en cosas como:
“¿Habrá columpios cerca del hotel?”, “¿cuántas veces vamos a subir al autobús rojo?” o “¿sobreviviremos a una tienda de juguetes de 7 plantas sin drama?”.
En este contexto, hay cosas que repetiría sin dudar, y otras que haría de forma muy distinta. Y si tuviera que resumir el viaje en cuatro grandes protagonistas para ir con un peque, serían estos: Hamleys, la Torre de Londres, el Big Ben y toda la zona de los hoteles cercanos al Parlamento y el Palacio.
Te cuento.
Lo que repetiría sin dudar
Alojarme cerca del Big Ben y el Parlamento: la mejor “base de operaciones” con niños
Si viajas con un niño pequeño, la zona lo es todo. Estar cerca del Big Ben y del Parlamento no es solo “postureo” para la foto, es logística pura:
- Tienes varias líneas de metro y autobuses que te conectan con casi cualquier sitio.
- Estás a un paseo de muchas cosas “wow” para un niño: el propio Big Ben, el Támesis, el London Eye, parques, barcos…
- La sensación de “estamos en medio de todo” hace que las distancias mentales se acorten.
Los hoteles de esa zona suelen ser muy buenos, pensados para familias, con habitaciones cómodas, desayunos decentes y personal acostumbrado a ver carritos, mochilas infantiles y padres con cara de “no he dormido una mierda”. No son los más baratos de Londres, pero con un niño de 5 años, la posibilidad de estar en la habitación en 10 minutos cuando se derrumba… no tiene precio.
Repetiría totalmente:
- Tener el hotel cerca del Big Ben / Westminster.
- Poder salir a pasear por la tarde sin necesidad de coger transporte.
- Ver el Parlamento y el reloj iluminados de noche con el niño alucinando delante.
Es una de esas decisiones que encarecen un poco el viaje, pero te ahorran mucho desgaste.
Pasear por la zona del Palacio: Londres “de postal” pero también apto para peques
La zona del Palacio (Buckingham Palace, St. James’s Park, alrededores) es, contra todo pronóstico, muy buena con niños pequeños si la tomas con calma.
Lo repetiría porque:
- Es un Londres muy reconocible: banderas, guardias, rejas, “el palacio del rey/la reina”… a nivel imaginario infantil funciona muy bien.
- Tienes parques enormes alrededor donde el niño puede correr, perseguir ardillas o patos y simplemente estar a su aire.
- Es un plan que se puede hacer a ritmo lento: paseas, haces fotos, paras en un banco, comes algo rápido, vuelves a pasear.
No hace falta obsesionarse con encontrar el mejor ángulo del cambio de guardia ni aguantar ahí de pie una hora rodeados de gente. Con un niño de 5 años es más que suficiente con:
- Ver un rato a los guardias.
- Pasear por el parque.
- Montar un pequeño “cuento” sobre el palacio para que le haga gracia.
La zona, en general, la mantendría tal cual: es muy bonita, muy icónica y, si no la conviertes en una excursión militar, se disfruta muchísimo en familia.
Hamleys: caos absoluto… pero un caos que repetiría,es super divertido!
Hamleys no es una tienda de juguetes, es una experiencia en sí misma. Varias plantas, vendedores haciendo demostraciones, luces, ruido, gente, muñecos, juegos, peluches gigantes… Para un niño de 5 años es literalmente entrar en otro planeta. Ves volar de todo gente jugando con coches, aviones pasan por tu cabeza, maquinas de algodón de azúcar con formas divertidas…
¿La volvería a visitar? Sí!!!!
La parte positiva:
- Es un momento “wow” absoluto para el peque. Todo le llama la atención, todo quiere verlo, todo quiere tocarlo.
- Es un buen recuerdo de viaje: que pueda elegir uno o dos juguetes especiales de un sitio tan mítico hace mucha ilusión.
- Aunque sea caótico, también es divertido para los adultos si entras con mentalidad de “vamos a disfrutarlo, no a sobrevivir”.
Lo que haría igual:
- Ir a Hamleys sabiendo que va a ser un plan central del día, no algo “que metes de paso”.
- Poner un límite claro de antemano: “puedes elegir X cosa(s)”, para evitar dramas mayores.
- Reservar al menos una hora larga ( o mucho más), porque 10 minutos aquí es como no haber ido.
Loque no hay que hacer es usar Hamleys como plan de “última hora” cuando el niño ya está cansado. A nivel de energía, mejor ir cuando aún esté medio fresco, porque toda la estimulación que hay ahí dentro con un niño agotado es receta perfecta para el colapso.
HAmleys es apuesta segura 😉
Big Ben y el Támesis: el combo perfecto para un niño pequeño
Un niño de 5 años no necesita entender nada de historia para que el Big Ben le fascine. Es un reloj gigante, suena, está en una torre altísima y “sale en la tele”. Solo con eso ya tienes media experiencia ganada.
Lo que repetiría aquí:
- Acercarme varias veces, no solo una. Por el día, por la tarde y, si se puede, de noche, cuando está iluminado.
- Combinarlo con un paseo junto al río: el niño va viendo barcos, autobuses, el London Eye, músicos callejeros… el paseo en sí ya es el plan.
- Subirme a un autobús de dos plantas por la zona, sentándonos arriba del todo para ver el Big Ben desde otra perspectiva. Es el mejor “tour panorámico” low cost.
Y si además tienes el hotel relativamente cerca, se convierte en ese sitio al que “vamos a dar una vuelta” casi sin pensarlo. Para un niño pequeño es muy potente tener un par de lugares que reconoce fácilmente y siente como su referencia en la ciudad.
La Torre de Londres: sí, pero no como la primera vez
La Torre de Londres es uno de esos lugares que, como adulto, quieres ver sí o sí. Historia, coronas, murallas, cuervos, vistas del Tower Bridge… es uno de los clásicos.
Con un niño de 5 años, yo la pondría en la categoría: “Sí la repetiría, pero no de la misma forma”.
Por qué merece la pena:
- Es un castillo “de verdad”, con murallas, torres, puertas enormes… muy fácil de convertir en historia de caballeros, reyes y dragones imaginarios.
- Para los adultos, sigue siendo un lugar impresionante.
- Tiene zonas abiertas donde el niño no siente que está encerrado en un edificio todo el rato.
Lo que no volvería a hacer:
- Intentar verlo TODO. La Torre de Londres tiene muchas partes y salas, y para un niño la línea entre “interesante” y “aburrimiento total” es muy fina.
- Hacer la visita muy tarde, cuando ya viene cansado del resto del día.
- Alargar la visita más de la cuenta por “ya que hemos pagado la entrada…”.
Cómo la plantearía la próxima vez:
- Ir por la mañana, con energía.
- Enfocar la visita a unas pocas cosas clave: el exterior, un par de torres, las joyas de la corona si el niño aguanta la cola, y listo.
- Convertir el recorrido en un juego: buscar detalles, inventar historias, “defender la torre”…
Lo que no volvería a hacer (o al menos no de la misma manera)
Encajar demasiados planes “importantes” el mismo día
Hamleys, Torre de Londres, Big Ben, Palacio… todos son lugares potentes, pero intentar encajarlos seguidos, en un mismo día, es la receta perfecta para el colapso general.
No repetiría:
- Hacer un día de una detrás de otra.
- Cruzar media ciudad después de una visita intensa a la Torre para “aprovechar” e ir a Hamleys.
- Pretender que un niño de 5 años tiene la misma resistencia mental que un adulto motivado por ver cosas.
Hoy lo plantearía así: un gran plan fuerte al día (por ejemplo, Torre de Londres) y el resto, más ligero (paseo por el río, parque, rato de juego).
Usar Hamleys como premio final de un día larguísimo
Error clásico: “hacemos todo esto, y al final, de premio, vamos a la tienda de juguetes”.
Sobre el papel suena genial; en la práctica, tienes:
- Niño agotado.
- Estimulación máxima en la tienda.
- Decisiones que le cuestan porque está reventado.
- Muchas más probabilidades de llantos y frustración.
No aprovechar más el entorno del hotel
Estar cerca del Big Ben y del Palacio es un privilegio que, la primera vez, tiendes a ver solo como “comodidad”. Pero con un niño, esa zona es un parque temático en sí misma:
- Paseos cortos junto al río.
- Vistas de monumentos sin necesidad de “visitar” nada.
- Parques relativamente cerca para correr y desconectar.
En resumen: Londres con un peque, versión realista
Si tuviera que quedarme con una idea de este viaje sería esta: Londres con un niño de 5 años no va de verlo todo, va de elegir muy bien qué merece energía.
Repetiría sin dudar:
- Alojarme en un buen hotel cerca del Big Ben / Parlamento.
- Pasear tranquilamente por la zona del Palacio y sus parques.
- Hacer de Hamleys una experiencia controlada pero protagonista.
- Disfrutar del Big Ben y el Támesis varias veces, a distintas horas.
Y haría diferente:
- El número de “grandes planes” por día.
- El orden de los planes (nada de Hamleys al final de un día eterno).
Londres seguirá estando ahí cuando volváis, pero tu hijo de 5 años solo va a vivir Londres con 5 años una vez. Y merece que la ciudad se adapte un poco a su ritmo.

